
Se lo diría después a su mamá: ninguna de ellas quería separarse. Amanda Berry, Gina Dejesús y Michelle Knight querían permanecer siempre juntas tanto como deseaban estar junto a sus familias.
Gina, en medio de lágrimas, acostada en su cuarto, abrazada a su madre a quien no había visto en nueve años, se lo confesó. Había sufrido tanto que hasta el infierno le parecía un sitio confortable. Y aunque estaba al fin libre de ese monstruo que se llama Ariel Castro, que la mantuvo encerrada en una casa por casi una década, solamente pensaba en sus dos compañeras de calvario. En estar juntas.